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SAHARA SMARA LA VALL

 

El Matrimonio

El matrimonio saharaui empieza con el rito de la dote, llamada “d´fuâ”, cuya ceremonia se inicia en el domicilio de la familia del pretendiente, en un gran cortejo al que suelen asistir la familia del novio, sus parientes y amigos más cercanos. El importe de la dote puede variar y estar sujeto a la situación social y financiera del pretendiente, y suele constar de varias reses de ganado, de varios cortes de tela para confeccionar la “mlehfa”, la prenda tradicional de la mujer saharaui., así como de varios perfumes, elaborados localmente y llamados “Ljmira” , de incienso y, de varios kilos de té y azúcar, amén de las joyas, de la ropa para la novia y de algunos muebles y enseres.

La dote en la provincias saharauis suele tener una atención muy especial, hasta el extremo de que muchos se extralimitan y exageran en la misma, ya que connota una serie de valores tribales relacionados con la caballerosidad, la generosidad y el empeño del pretendiente por mostrar su amor a la futura esposa y su consideración a la familia y tribu de la misma, a más de otras consideraciones inherentes al lugar que ocupa la mujer en la sociedad saharaui.

El día de la boda, y en previsión de la llegada del cortejo nupcial del novio, la familia de la novia suele levantar una gran tienda de campaña, llamada “Jaimat ar-rag”, donde recibe al cortejo el cual ofrece la dote “dufuú” y se celebran los banquetes y se tocan los tambores y panderos en una gran fiesta.

En la noche de la boda, una mujer, llamada en las provincias saharauis la “m´alma”, se encarga de trenzar y teñir a la novia con alheña y con los más prestigiosos perfumes locales. La recompensa de la “m´alma corre a cargo del pretendiente, quien procura ser muy generoso en la misma, ya que tal recompensa será objeto de las discusiones de ambas tribus, particularmente entre las mujeres.

Los festejos de boda en las provincias saharauis se mantienen ininterrumpidamente a lo largo de tres días. La segunda noche sirve para ocultar a la novia por parte de las amigas de la misma, en una ceremonia llamada “teruagh” y cuyo objetivo consiste en conferir cierto aire de esparcimiento y suspense a la boda, ya que las amigas de la novia desafían al novio para encontrar a su esposa, por lo que éste debe esforzarse sobremanera para encontrar a su consorte, como muestra de su amor y consideración a la misma.

A la novia se la suele ocultar en una tienda de campaña de la tribu vecina, donde recibe una atención especial y se le regalan los más variados obsequios y perfumes, ya que la tribu escogida para acoger a la novia, se siente honrada por haber sido escogida. Mientras, el novio se esfuerza en encontrar a su esposa, acudiendo a la ayuda de sus amigos más cercanos a los que utiliza para espiar, buscar noticias sobre la esposa, y hacer conjeturas sobre su posible escondite.

Y sólo en la tercera noche, se entrega la esposa a su consorte en un alegre cortejo, en medio de los gritos de júbilo, mientras redoblan los tambores y suenan las canciones de boda en idioma “hassaní" y poemas que destacan las virtudes de ambas tribus y que ensalzan las nociones de generosidad y coraje. Entre las costumbres de los saharauis, la primera noche de matrimonio suele tener lugar en el domicilio de la familia de la esposa, la cual sólo puede abandonar la casa paterna cuando haya dado a luz a su primer hijo.

La última noche de boda suele denominarse entre los saharauis “Aheshlaf”, es decir la culminación; otros la denominan como la noche de las abuelas o “al-ŷaddát”, ya que ambos esposos pasan la noche en el mismo lugar.

A continuación, todo el mundo acude a casa del esposo, donde puede contemplar a la esposa llevada en un grueso paño, mientras que ella se resiste simbólicamente. En la misma noche, se obsequia a la esposa un regalo, llamado “amrouk”. A continuación, la madre de la esposa envía a la familia del esposo un regalo, denominado “al-fashja”, constituido por la mitad de las arras que el marido había entregado como dote “dufu´u”, con algunos regalos suplementarios. Más tarde, ambos consortes proceden a reflexionar juntos sobre la incorporación de la consorte al domicilio conyugal, cosa que precisa de específicos preparativos que, a lo mejor, pueden durar mucho tiempo.